BeatoFrancisco Palau
Beato Francisco Palau y Quer
Fundador de las Carmelitas Misioneras
Francisco Palau y Quer nació el 29 de diciembre de 1811 en Aytona, Lérida, España. Desde muy joven sintió la llamada a seguir a Cristo en el Carmelo Teresiano, ingresando como Carmelita Descalzo en 1832 y profesando solemnemente en 1833, en tiempos especialmente duros para la vida religiosa.
Su compromiso fue firme e irrevocable, convencido de que su vocación no dependía de las circunstancias políticas ni de los vaivenes sociales.
Las convulsiones en España lo llevaron al exilio en Francia entre 1840 y 1851. Allí, especialmente en el santuario de Nuestra Señora de Livrón, vivió una intensa experiencia de silencio, soledad y oración, que fortaleció su espíritu misionero y su visión de la Iglesia como comunidad viva.
Al regresar a España, se incardinó en la diócesis de Barcelona y fundó la Escuela de la Virtud, un espacio de formación cristiana que buscaba renovar la fe y transformar la sociedad. Aunque esta obra fue clausurada, su misión no se detuvo: enviado a Ibiza, profundizó en su experiencia de Iglesia y fundó, en las Islas Baleares, las congregaciones de los Hermanos y Hermanas Carmelitas.
Hombre de carácter fuerte, mirada profunda y espíritu incansable, combinó el amor por la soledad y el retiro con una actividad apostólica intensa. Fue predicador, catequista, acompañante espiritual, escritor y guía de comunidades. Entre sus obras destacan Lucha del alma con Dios, La vida solitaria, Catecismo de las Virtudes y La Iglesia de Dios figurada por el Espíritu Santo, así como un extenso epistolario que hoy es clave para conocer su pensamiento y su corazón.
Murió en Tarragona el 20 de marzo de 1872. Su vida, marcada por la entrega total, la creatividad pastoral y la defensa de los más necesitados, sigue siendo inspiración para la Iglesia y para la familia carmelita en todo el mundo.
Beato: Es una persona que la Iglesia reconoce oficialmente como alguien que vivió de forma ejemplar su fe y que, después de su muerte, intercede por los demás desde el cielo. Para declararlo beato, se necesita que el Vaticano confirme al menos un milagro atribuido a su intercesión (o que haya muerto como mártir). La beatificación permite que se le rinda culto de manera local o limitada (por ejemplo, en su país, diócesis o congregación).
Santo: Es un beato que ha sido canonizado por la Iglesia, es decir, se confirma oficialmente que está en el cielo y se puede venerar en toda la Iglesia universal. Para canonizarlo, normalmente se exige un segundo milagro ocurrido después de la beatificación.
Gracias obtenidas por Francisco Palau
El señor Leoncio sufrió un accidente ferroviario muy grave. Lo trasladaron a la clínica "Bogotá" (Bogotá) donde ejercían su apostolado las Carmelitas Misioneras. Al señor Leoncio, entre otras cosas, le hicieron dos operaciones de cabeza, muy serias. La segunda se la hicieron a vida o muerte.
Después de esta segunda intervención el pronóstico del cirujano, Dr. Mario Camacho Pinto, fue desesperante:
“No había nada más que hacer, sólo un milagro lo podía salvar, el enfermo moría”.
Así lo comunicó a la familia y a la clínica.
Los familiares y las Carmelitas Misioneras intensificaron sus oraciones al Padre Francisco Palau, pidiendo la curación del enfermo. Y milagrosamente quedó "sano de un imponente hematoma sub-dural post traumático, localizado en la región frontal-parietal izquierda intracraneana, complicado con una hemorragia masiva endocraneana, irrefrenable y en profundo estado de coma". La curación fue radical y total.
El proceso ordinario de dicha curación se instruyó el año 1960 - en la Curia arzobispal de Bogotá; en el año 1980-1981, se llevó a cabo el procesocomprobatorio. La autoridad de ambos procesos fue reconocida en la Congregación de las Causas de los Santos, Roma.
En el 17 de febrero de 1984, la Congregación de las Causas de los Santos aprobó la validez del proceso de la curación milagrosa de Bogotà.
El 5 de enero de 1987, el Postulador general, padre Simeón de la Sagrada Familia, ocd, firmaba la cronología de la curación milagrosa y se preparaba el SUMARIO. Con esto inicia la etapa final de la Beatificación del Padre Francisco Palau y Quer.
El 8 de febrero de 1988, siguiendo los pasos de tal Proceso, el Papa Juan Pablo II, en presencia de los Señores Cardenales, declaró:
Que consta del milagro hecho por intercesión del Venerable Siervo de Dios Francisco de Jesús María José, en el siglo Palau y Quer, o sea, de la rápida, perfecta y estable curación del señor Leoncio Godoy Méndez, de "un imponente ematoma sottodurale post-traumtico di vecchia data, complicato daemorragia irrefrenabilestato di coma profondo ".
Y quiso Su Santidad que este Decreto se publicase y se registrase en las Actas de la Congregación de las Causas de los Santos. La Beatificación del Padre Francisco Palau y Quer, ocd, por su Santidad Juan Pablo II, tuvo lugar el día 24 de abril de 1988, en la plaza San Pedro del Vaticano.
Desde hacía unos tres años sufría fuertes contracciones en el dedo medio de mi mano derecha, lo que me dificultaba realizar las labores de casa. En enero de 1988 acudí al traumatólogo Dr. Manuel Burdeus Ferrer, quien diagnosticó sinovitis estenosante y me recetó un tratamiento antiinflamatorio de dos meses, advirtiendo que sería necesaria una cirugía. Seguí el tratamiento sin mejoría.
El 24 de marzo, acompañada por mi esposo Rogelio Mir, regresé a consulta en la Clínica Quinta de Salud “La Alianza”, Barcelona. El doctor confirmó la necesidad de operar y programamos la cirugía para el 28 de marzo. Sin embargo, el 25 mi esposo enfermó de gripe y el 27 empeoró, lo que me impidió ingresar. Avisamos a la Hna. Mª Pilar Herráez Vegas para cancelar la operación.
A inicios de abril, ya recuperado, mi esposo visitó la clínica. Allí nos invitaron a la peregrinación a Roma por la beatificación del Padre Francisco Palau y Quer, el 24 de abril. Tras pensarlo, nos inscribimos. Partimos el 22 en autocar junto a Hermanas Carmelitas Misioneras, rezando y animando el viaje. Aunque el dolor de mi mano limitaba mi participación activa, me unía espiritualmente a las oraciones.
El día de la beatificación, en la Plaza de San Pedro, durante el momento en que el Papa Juan Pablo II declaraba Beato al Padre Palau y se descubría su tapiz, sentí la inspiración de pedirle su intercesión. Le hablé interiormente: "Soy Pepita, tengo este dedo enfermo; me molesta e impide mi trabajo. ¡Padre Palau, cúrame!" En ese momento recibí la curación instantánea, radical y total.
No sentí nada especial en el instante, pero en el comedor del hotel, al coger pan, comprobé que tenía fuerza, flexibilidad y ausencia total de dolor. Avisé a mi esposo, quien fue mi primer testigo, y decidimos guardar prudente silencio. Durante el regreso lo compartí en privado con la Hna. Mª Pilar.
En Barcelona lo contamos a nuestros hijos y luego a las Carmelitas Misioneras, quienes se alegraron y dieron gracias a Dios. También informamos por escrito a la Superiora Provincial, Hna. María Jesús Zabalza. Al visitar de nuevo al Dr. Burdeus, este no dio importancia al hecho y predijo recaídas, asegurando que solo la operación curaba ese mal. Sin embargo, nunca volví a sufrir dolor o limitación.
Certificados médicos de 1991, 1994, 1995 y años posteriores, firmados por el Dr. Burdeus, confirmaron que la curación fue instantánea, radical y total.
El señor Isaac hace así su presentación: “Sé que para ustedes no soy nuevo, pero quiero decirles que soy Isaac Vargas Mercado. Padre de familia, en el Colegio “El Carmelo del Cuzco – Perú”. Con la gracia de Dios y el P. Palau, mi familia está constituida por Lucila Ventura, mi esposa, y mis dos hijos Anahí Aglacia e Isaac Alexander. Yo trabajo en la Universidad Nacional de San Antonio Abad de Cuzco.
En el año 1991, en el mes de septiembre, en el día 14, sufrí un accidente, que después de muchos meses, pude narrarlo para ustedes en un casette, cuando nos visitó un religioso carmelita (Padre Eulogio) a nuestra ciudad. Pero no me canso de decir, que fue un MILAGRO, porque quienes cuidaron de mi recuperación en este accidente, en el que sufrí quemaduras de segundo grado, también lo consideraron así UN MILAGRO DE DIOS. En esta oportunidad fue la Hermana Rosa Barrueto, quién en una visita que me hiciera, con la Hermana Jacinta Coronado, me trajeron la estampa del Padre Palau y nos dijeron que esa noche orásemos y pidiésemos por mi pronta recuperación. Esa noche lo hicimos en familia, porque al día siguiente debía someterme a una intervención quirúrgica, consistente en trasplantes de piel a diferentes lugares de mi cuerpo (manos y pie), y lo más grande de mi vida fue, cuando al día siguiente de nuestras oraciones, esta intervención quirúrgica ya no era necesaria, pues en esa noche mis heridas se habían cicatrizado, tanto que no fue necesario realizar tal intervención.
De esto lo conversamos con los médicos y personas que me atendían y me visitaban, mi esposa, mis hijos, amigos y familiares hasta ahora gozamos de esta felicidad, y no me canso de agradecer y pregonar esta gracia del B. Francisco Palau, con quienes tengo la oportunidad de hacerlo.
En esta oportunidad, en la que me veo, ante vuestra comunicación, refresca en mí, toda la gracia recibida durante mi convalecencia y la decisión de mis hijos que a la par de la primera vez, ahora también nos llenan de alegría y felicidad, sintiendo así la presencia del Señor, de la Virgen del Carmen y la ayuda y apoyo del Beato Francisco Palau.
Mi nombre es Concepción Villarreal Vargas, madre de Adriana Giset Marcillo Villarreal, y relato la gracia recibida por intercesión del Beato Francisco Palau.
En Semana Santa de 1992, Adriana, de vacaciones con mis padres en Sandoná, sufrió un accidente el 14 de abril: un ciclista la atropelló y golpeó gravemente en la cabeza, con heridas y sangrado por boca y nariz. Fue llevada al hospital local, pero su padre decidió trasladarla de inmediato a Pasto, donde ingresó en estado crítico a la Clínica del Seguro Social. El neurocirujano Francisco Medina ordenó una escanografía urgente, revelando un gran coágulo, hemorragia interna y edema cerebral; fue operada ese mismo día.
Poco después entró en paro y fue reintervenida. El 16 de abril seguía en coma, y una segunda escanografía mostró empeoramiento. El 17, me opuse a su traslado a otro hospital y logré que se habilitaran equipos de cuidados intensivos en su habitación. El 18 presentó crisis respiratoria; una junta médica practicó traqueotomía y tratamiento pulmonar, encontrando infección que impedía su respiración. Durante todo este tiempo me acompañó la Hna. Leticia Misas, dándome aliento.
El 20 de abril llegó la Hna. Margarita María Vélez con una reliquia del Beato Palau, que colocó junto a Adriana, y una estampa con su novena, que empecé a rezar. El 21 amaneció con leve mejoría respiratoria, aunque continuó en coma hasta el 30 de abril, cuando los médicos decidieron desconectarla de los equipos, reconociendo que solo quedaba esperar un milagro.
El 4 de mayo, víspera de su traslado a Bogotá, se le realizó una tercera escanografía. Esa tarde, mientras salíamos a arreglar el viaje, Adriana despertó pidiendo agua y galletas. El 5 viajamos a la Clínica del Niño, donde advirtieron posibles secuelas graves. El 7 regresamos a Pasto, manteniendo la reliquia con ella y la oración constante.
El 15 de mayo fue dada de alta, con pronóstico reservado. La recuperación fue lenta pero constante; en agosto tuvo su desarrollo normal y en septiembre retomó sus estudios. Con el tiempo, recuperó por completo sus funciones, terminó el bachillerato, estudió Psicología, se casó y es madre, sin secuelas del accidente.
Por la intercesión del Beato Francisco Palau, mi hija está completamente curada, y ella misma dice: "Siempre ayudaré a la gente, así como a mí me ayudaron".
Oración
